Un alma abierta
Pasá que te cuento - Miriam Venezia ® Es temprano y el sol parece salir por las ventanas de mis casas. Me invade el creciente bullicio que, como viento que arrastra las hojas por las calles, se acrecienta sumando guardapolvos hacia la escuela, albergando la alegría de la mañana. Soy pequeño y todo es cercano. Pasadas las primeras horas, y con un poco más de calma, se van desperezando las puertas de la oficina de correo , el banco , la comisaría y unos cuantos comercios. No así la sala de primeros auxilios que permanece alerta y me cuida permanentemente. A mediodía, la ráfaga de regreso penetra en las casas, es hora del almuerzo. Se cierran las puertas y, al rato, los sonidos se van apagando, y me entrego exhausto en el silencio de la siesta . A la tardecita mis calles se llenan de risas y juegos. Por las noches, reuniones en la vereda de algún vecino y escondidas o manchas en la calle. La niñez es feliz, tanto que se siente que siempre será así. De a poco se van ...